Acabo de leer "La ciudad sin tiempo" de Enrique Moriel, una obra que cuenta dos historias que tienen lugar en la ciudad de Barcelona en dos épocas distintas y cuyos protagonistas se encuentran al final. Una de ellas se centra en un hombre sin edad, un vampiro, que nace a finales de la Edad Media, momento en el que se inicia el libro. La otra se centra en un misterio que investiga una estudiosa de lo antiguo en la actualidad.
Enrique Moriel va intercalando episodios de cada protagonista hasta el final. No hay linealidad en el relato. Y no se dan pistas de porque. Yo como lector me sentí algo confuso en los tres primeros capítulos, pero comprendí el juego y me gustó. El contexto de cada una de las epopeyas (son viajes por una ciudad laberíntica en cada caso) ofrece datos que ayudan a comprener la vida del otro. Y unas 100 páginas antes del final se unen en un solo relato.
No hay linealidad en el relato. Y no se dan pistas del porque se ha utlizado este forma de relatar. La historia del vampiro abarca un periodo más amplio y parece que engulle épocas a la velocidad del rayo. El de la historiadora se concentra en unos días.
Empezando en la narración del vampiro en el capítulo 1, he intentado saltarme los capítulos de dos en dos hasta llegar al encuentro de los dos protagonistas. Es comprensible totalmente, lo que deduzco que en el caso de la mujer también se puede conseguir. Es una forma de leer la mitad del libro y enfrentarse a una novela sólida.
Finalmente he hecho otro experimento. He saltado del primer capítulo al noveno y después al decimosexto. Y no me he perdido. Los capítulos tienen cierta entidad como un total. Pero he comprendido que era necesario leer el primer capítulo, porque el autor hace la introducción de quien es el personaje principal.
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